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El desarrollo de los servicios de proximidad como estrategia de intervención social ante el envejecimiento de las poblaciones

El envejecimiento de la población, además de ser uno de los grandes logros sociales de estos dos últimos siglos, se ha convertido en un reto para las sociedades desarrolladas. Esto hace que las planificaciones de servicios públicos, y entre ellas las que tienen que ver con la provisión de recursos sociales, deban realizarse teniendo en cuenta esta nueva realidad demográfica.

En materia de política social la década de los años ochenta se caracterizó por la conjunción de diversos cambios sociales (demográficos, estructurales, económicos y culturales), que contribuyeron a que la idea del estado de bienestar social fuera tomando fuerza, avanzándose así en concebir la protección social de la ciudadanía desde la óptica de los derechos. Además, frente a tendencias anteriores en las que los problemas sociales de las personas se resolvían en instituciones, se comienzan a concebir respuestas para atender las necesidades de las personas que eviten la salida de éstas de sus entornos habituales de vida. Desde estos inicios, largo ha sido el camino recorrido y diversas han sido las fórmulas para desarrollar servicios de proximidad y programas que tenían como elemento central de su actuación una dimensión territorial concreta: la comunidad. Ahora bien, el concepto de proximidad puede entenderse bien como una característica de los servicios o como una tipología de los mismos.

Acercándonos al concepto de proximidad como una característica de los servicios ésta debe ser entendida como una condición deseable para el conjunto de recursos de atención a las personas; es decir que éstos estén pensados desde diseños que permitan una ejecución descentralizada, cercana a las personas y a sus contextos cotidianos de vida, ya que allí es dónde se producen las distintas necesidades. Qué decir tiene la importancia de poder hacer efectiva la proximidad de los recursos en los contextos rurales, a menudo discriminados desde planteamientos planificadores en los que habitualmente se priorizan las áreas donde se ubican los grandes grupos poblacionales.

Entendiendo la proximidad como una tipología de los recursos, los servicios de proximidad pueden ser definidos como los que se dirigen a apoyar la permanencia de las personas en su entorno habitual, promoviendo su autonomía, su independencia en las actividades cotidianas, y su integración social, mediante la prestación de diversos apoyos técnicos, materiales y/o económicos.

Centrando estas reflexiones en las zonas rurales, no es difícil apreciar cómo el envejecimiento de la población, y de manera especial el sobreenvejecimiento (el aumento de la franja de personas de 80 y más años), afecta de modo especial a estos territorios. El envejecimiento en el mundo rural, y sobremanera en los territorios de complejidad orográfica, junto con el debilitamiento de la red de apoyo informal, muy acusado debido al fenómeno migratorio de las generaciones más jóvenes hacia las zonas urbanas, convierte a estas áreas geográficas en territorios vulnerables y en riesgo de exclusión social. (García 1997; Rodríguez 2006)

En este sentido, y aplicando la definición de servicios de proximidad al ámbito rural donde envejecen las personas, la finalidad de éstos ha de ser que las personas mayores puedan permanecer dignamente en sus hogares a medida que envejecen, con o sin miembros de su familia, y de acuerdo con sus preferencias y deseos. Desde esta concepción, los servicios de proximidad para las personas mayores que viven en contextos rurales deben cubrir, básicamente, dos ámbitos de intervención: a) la atención a las necesidades derivadas de las situaciones de dependencia, favoreciendo una adecuada permanencia de las personas mayores en su medio habitual de vida, lo cual se logra facilitando y acercando servicios que proporcionen una atención integral a las personas a la par de apoyo psicosocial a sus familias cuidadoras; y b) el fomento de la participación social, desde la promoción del envejecimiento activo y teniendo como principal referencia la integración de las personas mayores en su propia comunidad. (García 2005; Martínez 2002; Rodríguez 2004).

No podemos, además, obviar el carácter dinamizador que el desarrollo de nuevos servicios de proximidad puede suponer para las zonas rurales, muchas de ellas abocadas a una progresiva despoblación. El desarrollo de nuevos servicios de proximidad en las zonas rurales, además de procurar atención a las personas mayores y favorecer su permanencia en sus contextos habituales de vida, genera un impacto positivo en la geografía rural que debe ser destacado. Estos servicios generan empleo, contribuyen a fijar población en la zona y como consecuencia de todo ello, pueden suponer un elemento dinamizador de primer orden para estos territorios.

© Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso) 2009

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