La residencia Amma Mutilva, perteneciente a nuestra misma compañía, empezó a desarrollar campamentos de verano intergeneracionales en el año 2002. La experiencia resultó tan positiva que en seguida fue llevada también a otros centros de Amma y así es como llegó a nuestras residencias de Betelu e Ibañeta. El propósito básico era acercar a dos generaciones alejadas en el tiempo (mayores y niños) y que pudieran compartir espacios comunes, experiencias, alegría, etc.
La experiencia surgió de un esfuerzo colectivo de todos los trabajadores y también con el ánimo de las familias y de los propios residentes. En nuestro día a día veíamos las ventajas que para los mayores reportaban las visitas de sus nietos o bisnietos, o incluso de los hijos de los trabajadores o de niños y niñas de los colegios de nuestros pueblos que venían en Navidad o Carnavales a compartir con nosotros actuaciones teatrales, música… Nos planteamos que sería muy bonito poder "institucionalizar" de alguna forma estas visitas, dotándolas de un mayor contenido y de un mayor espacio de intercambio.
Contamos con el apoyo de nuestros compañeros de la residencia Amma Mutilva, que ya tenían experiencia acumulada. Lo que tuvimos que hacer fue adecuar el programa a nuestros respectivos centros y a un entorno más rural. Pero esto supuso una ventaja, porque el hecho de estar en contacto tan directo con la naturaleza nos permitió dar a la iniciativa una perspectiva aún más enriquecedora para los niños.
Indudablemente siempre surgen dudas iniciales, pero en cuanto vimos los resultados se nos fueron disipando. En los inicios surgen dudas en cuanto a organización y planificación de actividades y de cargas de trabajo, cómo compatibilizar la presencia de los niños con la rutina diaria de los mayores, cómo organizar actividades que sean atractivas tanto para unos como para otros, cómo asegurar la seguridad de los niños y niñas participantes y el tenerles controlados en todo momento. Luego también surgía la duda de cómo reaccionarían los niños ante las personas mayores, muchas de ellas deterioradas, con demencias. Pero esto fue quizá lo más fácil, porque los niños desde el primer momento tuvieron una disposición de cariño que rompió todas las dudas. A veces los adultos, que se supone que somos más racionales y estamos más preparados, reaccionamos con mayores estereotipos que los niños.
Podrían citarse la organización y planificación de toda la semana y la implicación de las familias en la experiencia. Pero hasta ahora la verdad es que hemos contado con el apoyo de todos los trabajadores y también de las familias, lo que ha hecho que cada vez haya más niños participantes y el programa se desarrolle conforme a lo establecido.
Sin duda la alegría que reportan los niños durante su estancia en las residencias, el ánimo que dan a los mayores, las experiencias que comparten, incluso las relaciones personales que se establecen entre mayores y pequeños que no tienen parentesco (los abuelos y nietos "adoptados", que nosotros les llamamos). Y otra clave fundamental para el éxito de esta iniciativa, ya lo hemos mencionado antes, es la implicación y participación de todo el personal.
Creemos firmemente que esta iniciativa puede ser fácilmente trasladable a cualquier otra residencia. Hay que emplear tiempo, recursos y mucha dedicación, pero sería perfecto que otros pudieran desarrollarla también.
Nuestros residentes son en su mayoría personas del pueblo que han vivido toda la vida en estas zonas y que, por tanto, se conocen entre ellos y conocen a su vez a sus familias. El hecho de abrir las residencias a este tipo de iniciativas supone una fuente de estímulo y de sociabilidad muy positiva y supone también el contribuir a que no se vea a las residencias como lugares fríos, que es lo que suele ocurrir. En los entornos rurales, donde la tradición es que las personas mayores estén en su casa cuidadas por sus hijas o sus suegras, el hecho de llevar a un padre o una madre a una residencia sigue estando como mal visto. Sin embargo, el lograr que los centros sean abiertos a la participación de todos, que se vean como una casa alegre donde los mayores son atendidos, es muy positivo. Y en este marco, la organización de estos campamentos, en los que se acaba involucrando también todo el pueblo, son muy beneficiosos.
Sin duda alguna, el objetivo básico es estimular a nuestros residentes, darles una excusa para interrelacionarse con los pequeños, para abrirse a ellos e incluso hacia sus propios compañeros. Nos hemos encontrado mayores que eran muy solitarios, que apenas hablaban con nadie, pero que con la presencia de los niños se han transformado por completo y luego esa apertura y esa mayor sociabilidad la han conseguido mantener en el tiempo. Los niños son una fuente de alegría muy grande y el hecho de que las relaciones con ellos perduren más allá del campamento, que vengan a las residencias de vez en cuando a verles, a cantarles, a hacerles obras de teatro y cosas así, es muy beneficioso para ellos.
Este proyecto es algo compartido, no podría hacerse sólo con una parte, tenemos que estar todos implicados y, de hecho, esa es una de las claves de su éxito. Participan los trabajadores, los mayores, las familias, los niños y también personas del entorno. La experiencia se acaba viendo como una fiesta en la que todos participan.
Lo hemos comentado anteriormente. Creemos que sí, que con un poco de trabajo y dedicación, se puede llevar a cabo en otros lugares. A lo mejor se puede iniciar con una experiencia puntual de un día, sin el plan de que sea un campamento de verano de una semana en la que los niños vivan en el propio centro. Pero sí, sería fácilmente aplicable.
Hay una planificación con muchos meses de antelación y luego existe también un trabajo de evaluación permanente, a través de herramientas tanto cuantitativas como cualitativas. En estas tareas participa todo el equipo de profesionales y también las familias y los residentes, a través de los consejos de participación que hay en los centros. Esta tarea de evaluación nos permite detectar áreas de mejora y ponerlas en práctica en ediciones siguientes.
Una iniciativa de esta naturaleza es mucho más fácil de realizar en un entorno rural y también mucho más bonito, con más posibilidades de interactuar con la naturaleza y con las personas del municipio. Al fin y al cabo, como hemos citado, los campamentos se ven como una fiesta y la presencia de los niños por el pueblo es constante. Por eso precisamente se tiene relación con los ayuntamientos, para hacerles partícipes también de la experiencia.
En cuanto a la calidad de vida de las personas mayores, los resultados son más que evidentes en el plano emocional, de sociabilidad y de estimulación, como hemos explicado. Y en el plano de la dinamización de los territorios rurales, hay que partir de la base de que las propias residencias en sí ya suponen un factor de dinamización, en el sentido de que crean puestos de trabajo, dotan de recursos de atención social a la comunidad y reportan también beneficios a la economía de la zona, por ejemplo, en el sector servicios. Los campamentos intergeneracionales son un eslabón más de esta contribución que desde los centros se hace a sus entornos.
Los campamentos se vienen celebrando ya desde hace varios años y tenemos la previsión de seguir con ellos como una actividad fija todos los veranos.
© Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso) 2009
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