
Durante varios años realizamos diferentes sesiones de hipoterapia (terapia asistida por caballos), pero nos era muy difícil y costoso desplazarnos al lugar donde se llevaban a cabo, por lo que no se podía realizar con la asiduidad necesaria. A partir de esta experiencia comenzamos a barajar la idea de realizar una terapia con un animal de compañía, ya que nos encontramos en un entorno rural y que disponemos de terreno para ello.
El propósito básico fue fomentar el contacto directo con un animal de compañía y beneficiarnos de todo lo que nos ofrecía.
Principalmente Carlos Romero (Técnico Superior en animación sociocultural -TASOC/Educador de la entidad), siempre arropado por la Directora del Centro de Día y por la Gerente de la asociación.
Decidimos que, ya que Carlos Romero iba a ser el responsable de aplicar la terapia, debía de ser él quien se formara y por eso se especializó como Técnico en Terapias asistidas con animales de compañía. Actualmente está terminando la titulación de Educador Canino.
Tras realizar la formación preguntamos a los usuarios si les gustaría participar y analizamos qué beneficios les podría reportar el participar en la misma.
Realizamos un programa en el que se recogían las actividades que se iban a llevar a cabo, los objetivos generales, los objetivos específicos de cada actividad, el material necesario, la documentación y permisos del perro.
Ya teníamos el perro de terapia el cual había recibido el adiestramiento necesario. Por lo que comenzamos con diversas sesiones de control y viendo que todo funcionaba perfectamente introdujimos las sesiones de terapia como actividad terapéutica del Centro de Día.
Los temores principales fueron que a los usuarios no les gustase estar con el perro o que el perro no cumpliese con las expectativas creadas.
Pero ya durante las primeras sesiones nos dimos cuenta de que el perro cumplía con todas las expectativas y que los usuarios estaban encantados con su compañía, tanto aquellos que habíamos elegido para las primeras sesiones como los que no, ya que todos demandaban poder estar con el perro.

No hemos tenido ninguna dificultad por el momento ya que el perro de terapia (que es lo más difícil de conseguir) pertenece a Carlos Romero (y ya tenía realizado todo el adiestramiento necesario).
Una buena formación de los profesionales que participan en el proyecto, que tengan muy claro que es lo que quieren hacer y para qué lo quieren hacer.
Un buen perro de terapia, con un buen carácter y con un buen adiestramiento.
Muchas ganas de hacer cosas nuevas e innovadoras.
Nos hemos encontrado con bastantes limitaciones.
Principalmente porque la población que atendemos son personas con discapacidad intelectual gravemente afectadas, por lo que hemos tenido que adaptar todas las actividades de terapia a sus características individuales. Lo que ha supuesto un trabajo añadido.
El proceso de observación de los usuarios es mucho más exhaustivo para conocer el grado de satisfacción de cada uno.
La búsqueda de objetivos individuales en cada uno y el cómo alcanzar estos objetivos es mucho más costoso debido al déficit intelectual.
Otros colectivos como el de los niños son mucho más fáciles de trabajar.

Creemos que es una terapia muy innovadora, ya que pocos centros la están llevando a cabo y mucho menos centros como el nuestro que vive en un entorno rural. Y es mucho más complicada la accesibilidad a este tipo de terapias tan innovadoras.
En nuestra comarca era una terapia desconocida, pero desde que la implantamos, y gracias al boca a boca de las familias, poco a poco se va conociendo socialmente.
Es una terapia muy adecuada tanto para niños, como para personas mayores y personas con discapacidad intelectual y física, ya que mejora la autoestima, potencia sus habilidades funcionales, estimula el área afectivo-emocional. En definitiva ayuda a aumentar la calidad de vida del usuario y la de su entorno familiar.
El proyecto está diseñado para personas con discapacidad intelectual participen lo máximo posible en la terapia y que tengan el mayor contacto posible con el animal, pero se puede hacer extensible tanto a cuidadores como a familiares. Tanto cuidadores como familiares pueden integrarse en ella, bien como participantes en la sesión o como meros espectadores de la misma.
Se puede generalizar a otros recursos: Centros Ocupacionales, Atención temprana, Colegios Educación Especial… pero no con relativa facilidad ya que siempre necesitaremos la figura del profesional especializado y la del perro terapeuta.
El proyecto se revisa anualmente mediante una valoración de los objetivos.
Se evalúan cuales de ellos se han cumplido y cuales no. Y la causa de que éstos objetivos no se hayan cumplido y posibles soluciones a dichas causas.
Cuando los objetivos que ya se han cumplido se dan por finalizados se buscan otros nuevos, si se prefiere mantener en el tiempo se planifican para el próximo año.
Una vez comprobados los resultados procuramos actualizar o modificar las actividades para que en la medida de lo posible sean diferentes a las del año pasado y mejorarlas si ello es posible.
Pese a las dificultades que presenta trabajar en un entorno rural, estamos convencidos de que también tiene muchas ventajas: mayores espacios naturales donde llevar a cabo la terapia, mayor costumbre de trato con los animales por parte de los usuarios y de sus familiares…
Por ello trabajar de forma coordinada y en red nos permite aunar esfuerzos y mirar al futuro con optimismo.
Podemos hablar de varias mejoras de los usuarios tanto en el ámbito físico como en el cognitivo, entre otros destacamos los siguientes:
En un principio la previsión es a lago plazo. Sin que haya surgido por el momento ningún inconveniente o problema que nos lleve a poner en duda la continuidad del proyecto.
© Instituto de Mayores y Servicios Sociales (Imserso) 2009
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